El malinchismo hispano.

El “malinchismo”, una de esas palabras que se incorporaron a nuestro idioma y que no tienen traducción a ningún otro, porque se basan en un hecho o personaje único de nuestra cultura. Como ejemplo de esto también tenemos “cantinflear” que describe a la acción de hablar u obrar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada que hizo muy famoso al gran Mario Moreno “Cantinflas”.

El malinchismo está definido por la Real Academia de la Lengua como “Actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio” basándose en la mitad historia, mitad leyenda de la indígena de la región del golfo de México conocida como “Doña Marina” o “Malinalli Tenépat” o como la conocían sus amigos “La Malinche”; quien se desempeñó como intérprete, consejera, intermediaria y hasta amante de Hernán Cortés en su expedición para someter, perdón, conquistar el estado mexica o azteca entre 1519 y 1521.

Hernán Cortés y La Malinche se reunen con Moctezuma II en Tenochtitlan (Noviembre 8, 1519) Lienzo de Tlaxcala

Hernán Cortés y La Malinche se reunen con Moctezuma II en Tenochtitlan (noviembre 8, 1519) Lienzo de Tlaxcala

Con esta información es muy fácil emitir juicios condenatorios contra esta madre de uno de los primeros mestizos, que algunos dicen que era una princesa o que por lo menos pertenecía a la nobleza azteca; pero sin saber que esta condición no la salvo de que aún siendo una niña sus coterráneos la cedieran como esclava a los mayas luego de perder una guerra, y cuando perdieron contra Cortés se la cedieron a éste quien se enamoró de ella al verla.

Esto le sirvió a esta mujer para escuchar no sólo en su lengua materna el náhuatl, sino también en la maya, que ninguno de sus iguales la quería pero que su nuevo amo y amor, la bautizó en la nueva religión y la empezó a llamar “Doña”. Yo creo que bajo esas condiciones cualquiera ayudaría al extranjero, así se tratara del mismo Hernán Cortés.

Claro, hoy en día eso no pasa. Eso fue solo en 1519. ¿o será que si?

Tal vez como consecuencia de este malinchismo que llevamos en la sangre es que en toda Latinoamérica encontramos tres clases sociales: Los ricos, los pobres y los extranjeros. Porque no hay mejor estatus que ser extranjero en nuestras tierras; bajo estas condiciones podemos compartir una opípara comida con altos mandatarios en la tarde y en la noche disfrutar de una cerveza bien fría en la tienda de la esquina de un barrio popular, y en las dos situaciones te abren la puerta y el corazón sin ningún problema, mucho más fácil que tus propios compatriotas.

Tal vez también por esto es que muchos buscamos “fortuna” en otras tierras porque en las nuestras no es tan viable, bien porque al ser locales todo es más difícil, bien porque honramos aquel dicho de “nadie es profeta en su tierra”.

Esta vez sin perder guerras y de manera voluntaria, somos nosotros mismos quienes nos “cedemos” a quienes consideramos los ganadores alrededor del mundo. ¿será esto ser malinchista?

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